La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a una persona superdotada como “aquella que cuenta con un Coeficiente Intelectual (C.I.) superior a 130”. Sólo un 2% de la población infantil iguala o supera el coeficiente intelectual para ser calificado como tal.

Cuando se habla propiamente de “alta capacidad” hablamos de niños que cuentan con una estructura cerebral y un funcionamiento diferente. Suele ser genético, por tanto hay un componente importante de heredabilidad.

¿Es lo mismo la alta capacidad que la superdotación?

Se suelen utilizar ambos términos como sinónimos pero hay que saber que presentan variación. La alta capacidad es la potencialidad para hacer algo, y el desarrollo de esa capacidad será la superdotación.

¿Es lo mismo la alta capacidad que el alto rendimiento?

Tampoco es lo mismo. El alto rendimiento se aplica a aquellos niños que destacan en el colegio, obtienen notas brillantes, se comportan bien y, en definitiva, tienen éxito en él. La trampa radica en que muchas veces solemos asociar la inteligencia elevada con alto rendimiento, el éxito. Y en realidad, los niños con altas capacidades presentan un alto grado de fracaso escolar y no suelen ser muy habilidosos en el área social.

Características comunes en los niños con altas capacidades

  • Gran curiosidad e interés. Se hacen preguntas existenciales.
  • Son capaces de aprender muy rápido cuando algo les interesa.
  • Tienen cambios de humor súbitos.
  • Alta sensibilidad emocional y alta empatía.
  • Son capaces de razonamientos abstractos profundos a una edad temprana.
  • Tienen una gran memoria.
  • Poseen un alto nivel de lenguaje y vocabulario.
  • Gran capacidad de análisis y una elevada observación crítica.
  • Desde pequeños pueden mostrar dificultades en relacionarse.
  • Gran tendencia a la individualidad, no les molesta la soledad.

Es muy importante el diagnóstico precoz en etapas tempranas del desarrollo para poder dar respuesta a las necesidades que presentan estos niños, aprender a desarrollar su talento y disfrutarlo. Entonces, ¿cuál es la edad ideal para evaluarlas?

El presidente de la Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC), José Antonio Montes, considera que un diagnóstico precoz, entre los dos o tres años, es lo más adecuado. 

¿De qué consta una evaluación adecuada de la alta capacidad? Se evalúan principalmente 3 aspectos:

  1. Una evaluación cognitiva que nos proporciona el C.I. y nos permite analizar detalladamente las funciones cognitivas (atención, memoria, lenguaje, razonamiento lógico, velocidad de procesamiento).
  2. Una evaluación de la personalidad, ya que los niños con altas capacidades presentan no sólo una inteligencia muy elevada, sino porque sus motivaciones, intereses y temperamento se desarrolla también de manera distinta.
  3. Una evaluación de la creatividad. Los niños con altas capacidades manifiestan una alta originalidad y creatividad en sus respuestas, por lo que también se debe incluir su evaluación.

Por último, os dejamos aspectos que creemos importantes a la hora de pensar sobre qué supone el diagnóstico de altas capacidades:

  • Una mayor capacidad no es una bendición, se trata de una personalidad diversa, que cuenta con estructuras cerebrales, recursos intelectuales y emotividad diferentes. No es un problema si se atiende adecuadamente desde la infancia.
  • Es cierto que tienen un gran potencial pero hay que reconocerlo y saber aprovecharlo.
  • Se puede ser un niño con altas capacidades y tener dificultades de aprendizaje.
  • Es importante que estos niños acudan a un psicólogo para ser diagnosticados y atendidos convenientemente.

Referencias:

Alegría, E. R., Pérez, J. L., & Mahamud, F. R. (2015). A mí no me parece. Casos prácticos para comprender la alta capacidad. Ediciones Paraninfo, SA.

Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC) http://www.aesac.org

 

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